
…
porque mis razones tengo, y como escribió
Ortega y Gasset: “
yo soy yo y mis circunstancias”. Siempre luchando, imaginando, tramando, proyectando
(y ensayando, of course), hacer lo que mejor sé, creo hacer (cantar)…, y cuando llega ese momento siempre digo lo mismo: tengo que cambiar de profesión, pero me puede el gusanillo. ¿Programador cultural, asesino a sueldo, traficante, empresario teatral, jugador de polo, pianista?
(no, pianista no que es más de lo mismo, pero en listo).
También estoy disgustado
(enfadao) porque este año es el año en el que se “celebran”
(seguro que algun@ así lo hace), se conmemoran, los cien años de la muerte del genial, inigualable y maravilloso
(soy consciente, esto es subjetivo) Mahler. En un principio era “adicto”
(soy politoxicómano musicalmente hablando –de lo otro no diré nada-) a la Primera de sus sinfonías, la conocida como
Titán, y a la Segunda,
Resurrección. Luego “aparecieron” en mi vida
(“las sinfonías son como libros”, dijo alguien), la Cuarta (
Celestial, según
Eugenio Trías), y la Quinta, la más vienesa; y la que ahora me “tortura”
(“¿te gusta Mahler? Pues prepárate para sufrir”, esto le dijo una abuela a su nieto después de un concierto de dicho compositor) es la Octava, conocida como la “De Los Mil”, en donde voz e instrumentación se unen para lograr algo
(soy consciente, vuelvo a ser demasiado subjetivo, pero busquen en youtube “final de la octava sinfonía de mahler singapur”, y verán y escucharán algo fuera de serie), A-CO-JO-NAN-TE.
Con nueve sinfonías y una inacabada, o apenas esbozada
(aunque Matthew Herbert la haya reinterpretado como si fuera “lo más de lo más”), el tipo este,
Mahler, es aclamado mundialmente, e interpretado, descubierto y redescubierto en todos los sitios menos en nuestra tierra, porque la
Orquesta de Extremadura (que “pita”, o sea, que toca y suena bastante bien) no tiene lo que hay que tener para tocarlo en el año de su festejo, y tienen que ser los de la Orquesta de Euskadi
(¡con un par!... ¿con un par de qué, colega?) los que lo hagan y vengan aquí a mostrárnoslo. En fin...
Después de su arresto domiciliario en Crimea en el agosto de 1991,
Raisa y Mijail Gorbachov, que estuvieron escuchando durante esos días música de
Mahler, dijeron que les había resultado “extrañamente bella y conocida. Tuvimos la sensación de que la obra del austriaco tenía que ver de alguna manera con nuestra situación, con el periodo de la perestroika, y con todas sus pasiones y luchas. Esta música nos ha conmocionado, nos ha dejado abatidos, con una sensación de que no hay salida. En la vida siempre hay conflictos y contradicciones, pero sin ellos no hay vida. Mahler supo representar ese aspecto de la condición humana”.
¿Por qué la niña mimada de la cultura regional, nuestra orquesta, no se moja cuando hay que mojarse, por qué, eh?
Añadir nuevo comentario